Viaje digital de ida y vuelta

De las cálidas ubres de la Lucera, en avión, al exotismo y el misterio de la Riviera Maya; del Waka Waka en la piscina del hotel, en una pickup y entre dos morenas complacientes, al ambiente cargado, el tequila y la excitación de una partida de póquer clandestina; de la negra inconsciencia, en saco y sobre los lomos entecos de una mula, a una maquila derelicta en lo profundo de la selva guatemalteca, y de su mano de toda la vida, en una cajita y por correo, a las de su esposa, quien antes que pagar prefirió echárselo de comer a los cerdos.