La felicidad es una variable discreta

            Resopla el viento en pabellones cercanos y juega a ser tela que ondea sobre la cara que se orienta luminosa al sol de abril. A lo lejos resuella hinchándose la mar, y aún más lejos todavía el martilleo hidráulico de un solar en obras pone la única nota discordante a un momento que, para ser tuyo, no necesita envolverse en el manto quimérico de la perfección. Pero abajo, en la orilla, hacia donde ya te encamina la desnudez dichosa de tus pies, solo las olas vibran, solo el viento araña sus cabelleras arrancándoles las gotas que habrán de sazonar tu piel de salitre. Te asientas en un leño y lees lo que los dedos semienterrados en la humedad nítida de la arena escriben, que uno nunca debería abandonar una playa sin haber buscado antes un tesoro.

ESTRELLA DE MAR