La hora turbia

Siete de la mañana, café y cigarrillo en la ventana a oscuras. De la boca del garaje de enfrente surge una sombra en bicicleta. La sombra silba. La bicicleta chirría. Apenas hay vida en las fachadas, no digamos en la calle.

A las siete y media resquicios de claridad incipiente dan volumen a los vientres cargados de las nubes. Contra la silueta nítida y quebrada de las montañas el mar de tejadillos, chimeneas y antenas adquiere tintes de ceniza.

Al aproximarnos al parque nos cruzamos con una chica joven, un fox terrier y un golden retriever. Inmóviles, encadenados y somnolientos bajo el resplandor sucio de una farola, sus miradas cobran hálito, enfoque y brillo súbitos un segundo antes de dejarles atrás. Dylan gruñe y tira de mí. Un convoy formado por un contenedor de basura y dos jardineros nos corta momentáneamente el paso; Dylan gruñe y recula. Rodeamos, proseguimos. Una risita hueca aletea rezagada. Quizá dos.

Conversación en voz baja entre dos hombres vueltos de espaldas que, arropados en gruesos gabanes, hacen tiempo ante los ventanales de una compañía de televisión por cable. El hombre de la derecha tiene una joroba que se ladea sobre el hombro izquierdo. La giba de su acompañante cae hacia el derecho. Encorvados el uno contra el otro, hombro con hombro, arrimados en un compartir el hilo de un cuchicheo rasposo, una tos, un resoplido, como fundidos en un solo bulto que escudriña el otro lado de la vitrina, donde todos los televisores emiten la misma imagen de un ojo que parpadea, parpadea, parpadea. Se escucha un silbido lejano. Dylan gime y tira de mí. Silencio abrupto. Miradas oblicuas. Púas de erizo en la nuca. Aprieto el paso.

Llegamos a su rincón favorito, bajo el árbol de hojas color vino. Caquitas, dos, y vuelta al ruedo.

Desde tres puntos distintos y siguiendo trayectorias destinadas a confluir en nosotros, avanzan ahora la muchacha y sus perros jadeantes, las risitas ahogadas de los jardineros, los dos jorobados de hombros cosidos que nos señalan con los dedos agarrotados de una mano en común.

De frente, y chirría que te chirría, una bicicleta renqueante se dirige hacia aquí.

Anuncios

2 pensamientos en “La hora turbia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s