La esfinge

Parece escrutar el cielo, aunque la aureola de blancos cabellos descansa sobre el respaldo en una posición tan forzada que quizá lo que ocurre es que ese cuello marchito ya no tiene fuerzas para sostener la cabeza. Una manta desciende sobre el regazo cubriendo el hueco donde deberían estar sus piernas. La silla de ruedas permanece ligeramente apartada del banco que da su asiento al resto del grupo. De espaldas al mundo, su boca es un túnel que concentra el vacío en un rictus de perpetua sorpresa. En la mirada, de un azul tan límpido que compite en pureza con el de la bóveda celestial, quizá se refleje como una mota ínfima y pasajera esa nube que deriva solitaria y se deshilacha por momentos. Quizá no registre nada, pero quisiera pensar que en algún lugar de ese cielo ignoto ella corre cada mañana al encuentro de su pasado con la misma intensidad con que yo reniego ahora del futuro que representa, antes de rebasar su triste estampa y buscar en el horizonte una distracción que me permita olvidarnos.

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18 pensamientos en “La esfinge

  1. Me ha recordado al hombre que el otro día, mientras yo tomaba un café con un amigo, nos preguntó si los cacharros ésos de la terraza calentaban o no. En su mirada -y en su carácter- había todavía bastante del hombre que había sido. De su boca, sin embargo, brotaban palabras rotas, aspavientos y babas.

  2. Buf, no sé que perspectiva se me antoja más negra. Quizá la del narrador, quizá. Es un texto sin concesiones, el vestigio de un desaliento.

    Abrazos.

  3. Supongo que la peor perspectiva siempre la tiene quien se encuentra en peor situación, y supongo también que ante quien ya no tiene entendimiento no se ofrece ninguna perspectiva. Cuando el cuerpo se convierte en una cárcel, mejor que se apaguen todas las luces…

    • Me ha gustado mucho esta pieza( ya sabes que a mí los abuelos…) y suscribo lo que dices sobre apagar las luces, desde luego si el cuerpo ya se ha convertido en una cárcel y el entendimiento se apaga, sí mejor las luces out.

      Creo también que Susana tiene razón.

      Besicos

      • Artículo primero: Susana siempre tiene razón.

        Artículo segundo: Cuando Susana no tenga razón se aplicará el artículo primero.

        Besos y panderetas 🙂

  4. Esta prosa tan calibrada, trabajo de ebanista frase a frase, me admira. Y si la descripción me parece perfecta, sobre todo me gusta la imagen y lo que representa, porque para mí, éste es “el tema”, es decir, la literatura tiene que hablar de este tipo de emociones para ser literatura con mayúscula. (No pretendo que esto sea una verdad absoluta, sino sólo la mía, claro.)
    Una objeción, si se me permite. Yo eliminaría el último “Quién sabe”; pienso que es más valiente y directo acabar con la frase anterior, sin quitarle gravedad al tono.

  5. Se le ve. Al principio no, pero cuando lo vuelves a leer y releer se ve claramente. Y veo ese rostro que no dice nada porque quizá ya no ha nadie detrás. Yo también quiero pensar que en algún sitio sigue mirando el cielo queriendo.
    Un abrazo.

  6. Esto es lo que llaman contar sin decir y que además transmita y hace llegar la imagen y lo que se quiere contar con total claridad. Y sí también estoy de acuerdo con: Cuando el cuerpo se convierte en una cárcel, mejor que se apaguen todas las luces….

    Besitos

  7. Odys, haciendo uso del artículo primero, quisiera decirte que me gustan estos textos que arañan, que se clavan como alfileres. Que nos hacen ver, fotograma a fotograma, la escena narrada,los sentimientos, las sensaciones. Que no pretneden decir nada y lo cuentan todo. Cuando la vida te ha ganado por goleada, lo mejor es tirar la toalla, y abandonar el partido. Esos ojos dolientes, esas cuencas vacías siempre me sorprenden, y la mente quebrada, y la nada mas allá de la nada.
    Un abrazo amigo, quería decirte todo esto, pero no te lo digo. Ya volveré otro día.

  8. Hola Amigo, hoy debería estar enfadado, alguien ha usurpado mi nombre, “Y SIN EMBARGO” no lo estoy. He leído la entrada, y coincido con su comentario. lo podría haber escrito yo, o él, o ninguno de nosotros. Hoy me siento raro, en otro cuerpo, en otro ser, en otra existencia. Habrá que seguir pedaleando, en la lejanía se divisa una nueva estación.
    Un abrazo, o no.

    • Un consejo te doy, que os améis los unos a los otros como… No, espera, ese no. Mírate en el espejo, y si ves la sonrisa pérfida de De Guindos, grita. Grita con todas tus fuerzas, y cuando no puedas más, sigue gritando. Quizá así tengas una oportunidad. Dicen que hay gente que ha conseguido salirse de sí misma a través de la boca. En fin, ya me contarás.

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