El amor en tiempos de ocio

De repente estaba ahí, sentada en uno de los veladores de mármol de la terraza del café, frente a la balaustrada de factura clásica que ofrecía una vista panorámica completa de la bahía, con el extenso arenal y las aldeas de pescadores anidadas entre los palmerales en primer plano y los acantilados al fondo. Parecía desorientada. Le ofrecí una sonrisa de aliento. Yo también he pasado por ese trance, y sé lo que se siente. Se bajó de la mesa y tomó asiento bajo una sombrilla. Ojos almendrados, bonita de cara, y esa figura armoniosa que revelaban una falda plisada y el organdí de su blusa. Tal y como solicité al rellenar mi perfil. Saludé tocando levemente el ala de mi sombrero panamá.

—¿Es la primera vez? —pregunté.

Asintió, con aire vacilante. Poco a poco, el nerviosismo que crispaba sus hermosas facciones fue disipándose. Se acomodó en la butaca, cruzó las piernas esbeltas. Pidió un vermú y una ración de langostinos.

—¿Me permite? —Desplacé la butaca de caña de bambú y me senté a su lado. Procedimos a las presentaciones.

—¿Dónde estamos? —quiso saber más tarde.

—No tengo ni idea, acabo de llegar como quien dice, pero hace un día espléndido, ¿no le parece? —respondí.

—En Sumatra —terció el camarero, en un cantonés trabado aunque perfectamente legible. Al servir el refrigerio presentó ante Daisy, pues así se llamaba mi hermosa acompañante, unos prismáticos idénticos a los que me había entregado a mí.

— Si me permiten ustedes la pregunta, ¿se sitúa acaso su visita en el plano de lo real, o en el de lo virtual?

—En el de lo virtual, por supuesto. No pensará usted que…

—Por supuesto, en el de lo virtual. Es asombroso, caballero, pero hubiese jurado que su presencia entre nosotros era de carne y hueso, si bien es cierto que hoy en día, con tanto adelanto tecnológico, uno nunca puede estar seguro… ¿Y qué agencia les envía, si no es indiscreción por mi parte? —El camarero inclina unos grados la cerviz mientras retuerce un extremo de los engomados bigotes entre las puntas de unos dedos enguantados en blanco. Respondemos al unísono que Emociones Fuertes Sin Riesgo Catay Ltd. Nos reímos. Nos miramos. Sentimos el chispazo. Pongo mi mano sobre la suya y no la rehuye. La acaricio. Estamos hechos el uno para el otro. El camarero lleva una mano al chaleco de rayas y extrae un reloj de bolsillo que consulta con renovado interés.

—No tengo el placer de conocerla —afirma—, pero me atrevería a aventurar que se trata de una firma anglosajona, porque su puntualidad es admirable: llegan ustedes justo a tiempo para asistir al tsunami de la una y diez.

 

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13 pensamientos en “El amor en tiempos de ocio

  1. Qué titulo más espléndido, y que bien cuentas lo que debería ser el amor, ese aparecer, temblar, contemplar el paisaje y al hoyo. Lo que dura un vermú, ni más ni menos, pero qué vermú. Lástima las berenjenas, pero en toda historia de amor siempre hay alguien que sale perdiendo. Genial.

    Abrazos.

  2. Así que eso es el amor en tiempos de ocio. Un breve destello del sol, un vermú, una mirada por unos prismáticos, una risa tonta y el tsunami que todo lo barre. Luego a recomponerse si uno se encuentra, claro.
    Ese toque de realismo absurdo me ha dejado ahogado. Me encantó el nombre de la agencia. Es lo último que nos falta ya. Aunque el día a día ya tiene bastantes emociones…

    Abrazos

  3. ¡Qué bonito lo de la blusa de organdí y la tapita de aceitunas! Tonos pastel que van subiendo hasta un final de revolcón salvaje. ¡Ay, qué chico éste, qué bien se enreda en amoríos!

    Abrazos tranquilitos.

  4. Eso no es amor. Amor es cuando ya has conocido a sus padres, sabes cuándo es su cumpleaños y alguna fecha tonta más y tienes que pedirle permiso para salir con tus amigos. Ahí se demuestra el amor.

  5. Brillante, Alb. Sin berenjenas, pero brillante. Voy a comprar un libro de cantonés en quince días para mi camarero de vermú en vacaciones. Le hablaré de ti.
    Abrazo trabado
    Gab

  6. Creas una sensación inquietante que va en aumento hasta el final (hacia la entrada del cantonés el lector ya está a punto de gritar “¡a ver qué c pasa”!!!), como dice Lola, de revolcón inminente. Me ha gustado mucho. Entra perfectamente aunque no se sepa de berenjenas ni trabas.
    Besos

  7. Jope, qué bueno… coincido en lo que dice Susana, hay un increscendo en el desarrollo que tiene un broche genial en el nombre de la Agencia y el tsunami de la una y diez (y el camarero tan tranquilo, mira tú) ¡Perfecto!
    Abrazos

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