Marina con ballena y divinidad

Günter, deidad bárbara y afable, fontanero, veinticuatro años, señala un bulto que se debate en la rompiente.

—Una ballena —anuncia flemático.

La luz reverbera en la espuma. Rocío, diosa núbil gaditana, peluquera morena y resalada, suelta la mano de Günter y hace visera. La brisa, el salitre y el sol de Poniente se rinden ante la belleza intemporal de sus cuerpos broncíneos. Los acarician. Los lamen. Los esculpen. Ciertamente, son hermosos.

Y también golosos. Como cada atardecer a esa misma hora, una musiquilla vivaracha anticipa la llegada de la furgoneta de los helados. Rocío se pone el tanguita.

Günter hincha los pulmones. El aire huele a pino. Una pelota de golf surca el espacio y cae a sus pies, entre los dedos gordos. Günter la observa desde las alturas. Günter se rasca las nalgas. Günter se agacha y la recoge. La estudia, la voltea y vuelve a posar su mirada olímpica sobre la ballena, que ha quedado varada a escasos metros de la orilla. También podría acercarse y recogerla, juguetear con ella como está haciendo con la pelota, piensa, al tiempo que una idea va germinando lentamente en su cabeza.

—La Tierra es redonda —sugiere. A su espalda, Rocío ha tomado el monedero y trepa ágilmente por la duna. A medio camino, se detiene.

—¿Fresa o chocolate? —pregunta.

Con cada nuevo golpe de mar la ballena se estremece. De su vientre pintado de azul va surgiendo una docena de sombras, sombras que saltan y se hunden, sombras que se izan, que gatean y, arrastradas por el oleaje, giran y tosen y escupen y ruedan y se alzan y se desploman, mientras gimen de alegría sobre la inmaculada arena.

—Puede que no sea una ballena —dice Günter. Hay un rastro de decepción en su voz. Luego su rostro se ilumina: —Oye, Rocío, ¿hemos traído la cámara de fotos?

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11 pensamientos en “Marina con ballena y divinidad

    • Gracias, Mar. Por cierto que tienes un nombre muy exótico, de enclave geográfico donde las corrientes y los vientos se aúnan para hacer zozobrar a los barcos en su tránsito entre el Atlántico y el Pacífico 🙂

  1. Esas deidades que se pirran por los helados en tiempos de ballenas azules varadas constituyen una metáfora hilarante, subversiva. Es muy interesante como construyes la historia a retales, dejando flecos, ideas y perspectivas fragmentadas por doquier. Y luego el caos se ordena, como en esa imagen final. Eres muy bueno, ya lo sabes.

    Abrazos.

  2. El día que uno se sepa muy bueno será su fin, don Agustín.

    Por lo demás, tengo que darte las gracias por partida doble. Una, por el piropeo. Y dos, porque después de leer tu entrada de hoy, y de dejarte el comentario, me quedé rumiando, cual foca esteparia. Y de ahí surgió la idea…

    Zarzaparrillazos.

  3. Esta es una obra para disfrutar muchas veces, en varias lecturas.

    Destaca -sobremanera- el estilo de la construcción que realizas. El palabras de Ángel Zapata, la “respiración narrativa” del texto. Brillante elección del plano semántico.

    Y, por si ello fuera poco, la creatividad que desborda la historia en sí misma.

    Mi admiración declarada, Odyss.

    Un abrazo.

  4. El contraste entre el referente de a pie, o real si se quiere, con la dimensión de la escena es asombroso. Además es muy coherente, tiene una enorme consistencia. Y tu sello. En fin, que me ha gustado mucho, de lo mejor que he leído últimamente.
    Abrazos admirados.

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