Gravitas, gravitatis

Reafirmadas bajo el peso de las columnas que cargan a diario sobre sus espaldas, las buenas gentes del barrio transitan a medio hacer en el fluido lechoso de la mañana. Algunos abren la boca y no articulan palabra. Se desplazan con paso incierto. Se les caen los ojos y se agachan a recogerlos, o siguen de largo guiñando las manos, asiendo el vacío como quien pesca gusarapos; o bien se quedan en el sitio, cimbreando en la brisa con un ronroneo suave de ciprés en invierno. Otros toman las calles envueltos en el dulce olor del sexo, o arrastran el cordón umbilical, con su ristra de sueños al viento. Los hay que llevan gualdrapas en los ijares. Guarismos en las ojeras. Guadañas en el pensamiento. Aquellos han salido de casa con algún apéndice de más o algún órgano de menos. Estos se palpan y no se encuentran. Y los otros… los otros ruedan orondos, aunque también los haya finos como estiletes, quemados como carboncillos o tan estirados que parecen las tablas con los mandamientos. Con una mano delante y otra detrás. En abrigos de vicuña. Hendiendo el hielo o a rebufo de los acontecimientos. Soñadores y vencidos, totalistas y libertarios, futboleros y tertulianos, salvapatrias y perroflautas, pacifistas y pendencieros, pormiscojones y missespañas, cotorras compulsivos, pensativos circunspectos, dónuts de sofá, gacelas en la niebla, barriletes de chigre y medio, estalagmitos y peripatéticos, mindunguis de salón y ningunguis de biblioteca, emprendedores, curritos y visionarios, corruptíferos de consistorio, jasones de patera, maltratantes y maltratadas, donjuanes y lolitas, sorjuanas y santopadres, eccehomos y fustigatrices, en abigarrado despliegue van dejando en las calles la efímera huella del trazo humano. Pero todos, absolutamente todos, portan sus columnas sobre los hombros, o se revuelven y se abrazan estremecidos al fuste si al menor síntoma de liviandad se acuerdan de Orlando Rolando, que un mal día tiró la suya por la ventana. Dicen que Orlando sufrió un acceso repentino de risa desnortada; que casi de inmediato perdió las formas y ganó volumen, inflándose como una pompa de jabón, liviano y traslúcido, y que muerto de risa se esfumó en las nubes. Su historia la conocemos todos, hasta los más pequeños, y los cascotes de su columna aún se conservan expuestos en el Parque de la Luz, como aviso para navegantes. Algunos aseguran que a veces, en las noches despejadas, puede distinguirse su estela, eternamente girante en los confines de la vacuosfera. Pero yo nunca la he visto, y es posible que solo se trate de una leyenda urbana.

Camino a mi lado, contándome historias mientras avanzo con tiento. No sé ni lo que me digo, cualquier cosa con tal de no hundirme demasiado. Camino y me miro. No tengo buen aspecto. Mi columna ha crecido mucho últimamente. Si no le pongo remedio —¿pero cómo?—, terminaré como tantos otros; como el bueno de Gregorio, que cayó vencido bajo el peso de la suya con aquel crujido seco, de caparazón roto que deja escapar un lamento inútil.

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12 pensamientos en “Gravitas, gravitatis

  1. Siempre se han dicho cosas muy feas de los que tiran su columna y caminan sin gravedad ni circunspección. Pero te diré un secreto: no es verdad. Orlando vive feliz e ingrávido para siempre.
    Me ha encantado!!!
    Abrazos

  2. Buf, una metáfora descarnada del peso que nos acucia. Uno se imagina la escena de manera tan nítida que incluso acaba portando su propia columna. Bravo.

    Abrazos.

  3. Sin lastre esa levedad insoportable que nos aqueja nos disolvería. Pero muchas veces el peso con que nos lastramos -o nos lastran-, resulta excesivo, y el remedio deviene en agente destructor. Entre uno y otro extremo caminamos todos, con mayor o menor acierto, con mejor o peor suerte…

  4. Dichos y redichos que retuerces hasta conseguir esa torcía de candil que alumbra columnas crujientes como patatas chips.

    Voy a recoger mis ojos del ordenador y echarlos a dormir.

    Abrazos sin brazos.

  5. Entro por primera vez y..me encuentro con que te he copiado el formato “wordpress” !! :D(casualidades de la vida). Este micro me evoca el miedo al cambio, y también la galeria de personajes de las canciones de Sabina. Y fíjate lo que es el subconsciente, la blandura de las pinturas de Dalí. En fin, creo que volveré de vez en cuando.
    Un saludo,
    Ana

    • Sabina y Dalí, dos genios cuya obra admiro. Me alegra saber que de alguna forma al leer estas letras los hayas evocado.

      Creo que es la primera vez que me encuentro con alguien con un formato de blog como el mío. Ya no soy tan rarito…

      Besos.

  6. La lista interminable de especímenes humanos que relatas me parece de antología.

    La imagen metafórica que nos cuentas es estremecedora. Entre morir aplastado por el peso de los lastres o fluir en la vacuosfera está el equilibrio deseado. Ya lo apuntas tú mismo en tu comentario.

    Abrazos

  7. Todos los tipos de caracteres están aquí, me pregunto si algunos conseguiran encontrar el camino entre esas columnas y la vacuosfera. Me ha recordado al “Ruido que hacen los tubos…

    Besitos

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