Caminante, no hay camino

Si usted toma  un caballo trotón y un balbusardo, los sierra por sus respectivas mitades y ensambla las partes correspondientes (ver gráfico), tenga por seguro que no obtendrá un hipogrifo, pero al menos habrá empezado a familiarizarse con los rudimentos del bricolaje.

 Lobo cerró el Libro de los pensamientos tangenciales y acarició su lomo. Se sobresaltó al escuchar que el libro se lo agradecía con un prolongado relincho, pero tras considerar que se trataba de un elemento superfluo en aquel relato no tardó en olvidarse de él.

A pesar de la herencia recibida, y de los usos y costumbres que le inculcaran sus mayores, Lobo no era un asesino de ovejas. Nunca lo sería, aunque lo había intentado. Como aquella vez que había merodeado durante toda una noche por las inmediaciones de aquel cercado en Taramundi, hasta que al despuntar el alba escuchó los primeros trinos de los carneros cantores y se emocionó como lo haría un pez llamado Wanda ante los arrullos emitidos por un tartamudo en canesú. Así pues, tampoco podía considerarse un rebelde; no, sencillamente Lobo era un inadaptado. Incapaz de reproducir las pautas de comportamiento que de él se esperaban, jamás conseguiría encajar entre los de su estirpe. Ni siquiera servía para charcutero, dado que al olor de la sangre le entraban náuseas, y su avistamiento era causa segura de un mal vahído. Eso sí, le gustaban mucho las hamburguesas, siempre y cuando les quitaran los ojos y se las sirviesen muy hechas; y el queso fundido con alcaparras, pero esa es otra historia que no procede contar aquí.

Sabedor de que no conviene precipitarse cuando de tomar decisiones que alterarán el decurso de nuestras vidas se trata, al caer el sol, y por no ponerse a recogerlo, Lobo se sentó a reflexionar en la encrucijada, que crujió bajo el paso de los milenios. Cansado de ensayar siempre los mismos aullidos, tomó la luna por el canto y la introdujo en la ranura. Tras un clic apenas perceptible, la música se deslizó ondulante sobre los trigales y en los cielos las estrellas giraron formando torbellinos. Los espantapájaros no dudaron en abandonar sus puestos, los pájaros sus nidos, los nidos sus sopas y las sopas sus letras, pero la dirección que debían tomar sus patas permaneció oculta tras los significantes de aquel galimatías que había ayudado a pergeñar. Lobo suspiró de una forma tan sentida que la Tierra se estremeció, quebrando con su telúrico corrimiento el plácido sueño del hipogrifo. ¡No me jodas!, protestó este, sin caer en la cuenta de que al final había conseguido hacerse con un lugar preeminente en esta historia, lo cual viene a confirmar que no hay elemento prescindible en la  misma, para gran alivio de las ortodoxias vivas. ¡No le jodas!, repitió el eco por si acaso, pero Lobo, que tenía las orejas cubiertas de escarcha, entendió algo así como ¡Pagodas!, e interpretándolo como un augurio de los dioses, alzó el hatillo con sus escasas pertenencias y partió sin mayor dilación hacia el Arcano Oriente, mientras arriba, en el cénit deslunado, las estrellas cabrioleaban al silbar del soplaflujos, en cuyos sones se inspirara años ha el distinguido cantautor español don Joan Manuel Serrat para componer alguna de las más populares de sus melodías.

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9 pensamientos en “Caminante, no hay camino

  1. Y buf otra vez.
    Muchas veces en los textos el lector hace suya la escena que dibuja el escritor. En este caso, a pesar de apetecible y comprensible, la escena es tan tuya, tan de tú, que se siente uno un poco voyeur leyéndola tantas veces y captando tanto detalle.
    No sé que bebes, pero dale.
    Abrazo
    Gab

  2. Cuando haces estas cosas, filigranas poéticas en la octava nota, tengo la sensación que la línea no esta pegada al papel, sino que baila, se ondula. Estoy seguro que cuando escribes mueves lo pies. Jazz, soul, según el día, según la marca de güisqui, también. Un deleite.

    Abrazos.

  3. Este relato está lleno de frases, giros, interpretaciones (a conveniencia, bien lo sé) tan brillantes que para botón bien vale esta muestra: “Cansado de ensayar siempre los mismos aullidos, tomó la luna por el canto y la introdujo en la ranura”.

    Joan Manuel Serrat babearía con el texto si llegara a sus manos.

    Abrazos de loba.

  4. Odys, leí esta pieza hoy a mediodía, cuando la publicaste, con el café de sobremesa y me quedé viajando entre tus letras sin sopa, pero como tenía prisa y no podía releer con calma, decidí volver a por otra ración más tarde.

    Me admira tu capacidad de ficcionalizar, y el dominio técnico que demuestras, porque consigues hacer ver -y vivir- ese mundo por fantástico, contradictorio o absurdo que sea.

    Me descubro y te aplaudo.

    Un abrazo,

  5. Hola Odys, dicen los comentarios que es muy tuyo, lo desconozco por aquello de que casi acabamos de conocernos, por ahí no puedo tirar. Relato de requiebros y esquinazos, sorprendiendo siempre. La posible irrealidad acompañada de posible realidad ponen humor, y Serrat colgado del soplaflujos, está bien visto, no acertaría a decirlo mejor sin herir sensibilidades.

  6. Me has puesto el vello de punta, Alberto. Sobre todo cuando hipócrifo encuentra su razón de ser.
    En que momento decides que acaba la historia? Porque estoy seguro de que antes de decidir poner punto y final, sientes que podrías estar tiempo y más tiempo escribiendo verdades como puños del personaje, de Lobo en este caso. Bueno es poco.

    Un saludo

  7. Y al final son muchas historias para engullir y muchos hilos por donde se escapa la imaginación, con lo leído aquí una puede estar mucho tiempo imaginando mundos sin necesidad de pisar este que dicen real.

    Besitos

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