La matanza

Esta es la historia de un hombre cándido que se enfrentó a un naufragio, un hombre que creía en sí mismo, en sus dotes de liderazgo y su habilidad innata para encontrar soluciones. Esta es la historia de un hombre cándido que, tras escuchar a los náufragos, les habló de autoestima, de la obligación que todo hombre libre tiene de sobrellevar su carga, superar adversidades y rehacer camino por su propio pie. Pero nosotros solos no podemos, contestaron los náufragos, nosotros no somos libres. ¿No ves que estamos exhaustos y, perdidos en territorio hostil, carecemos de medios con los que defendernos? Ayúdanos. Esta la historia de un hombre cándido que creía en la bondad intrínseca de los tiburones. Pero los tiburones no son buenos ni son malos. Su voracidad, en cambio, no conoce límites. Tal es su naturaleza, gobernada por el conjunto de leyes que llevan inscritas en los genes. Matar es accesorio, se excusaron éstos durante su entrevista con el hombre cándido: nuestra razón de ser nos impele a comer para seguir siendo tiburones. Esta es la historia de un hombre cándido que pensó que podía salvar a los náufragos apelando al sentido común de los tiburones. Pero el sentir común de los tiburones no tiene por qué ser el mismo que el de los náufragos, ni suele coincidir con el del común de los hombres cándidos, le explicaron los expertos en tiburones. El sentido común es el sentido común, aseveró el hombre cándido que, a estas alturas, y tras haber dialogado con tiburones, expertos en tiburones, náufragos y aquella presencia subliminal que con bigote y peineta revoloteaba por allí, ya se sabía más sabio que la suma de todos ellos. De ahí que reuniese a los tiburones en un aparte para inculcarles que, si despedazaban a la totalidad de los náufragos de una sola vez, se quedarían sin pitanza y, consecuentemente, dejarían de ser tiburones. Comer sí, pero con moderación. Y los tiburones -que no entienden de sabiduría pues sabiduría es algo que nunca les ha hecho falta- se miraban, miraban al hombre cándido y, habiendo calculado que se encontraba fuera de su alcance, retornaban la mirada a los náufragos y se revolvían inquietos. Por lo demás, esta es una historia corriente, la historia de un hombre cándido que tomó por aquiescencia el silencio perplejo que cayó sobre los tiburones, justo antes de verle partir.

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11 pensamientos en “La matanza

  1. Bien, el título responde claramente al final abierto… Aunque no se percibe que el hombre cándido llegue a enterarse del fin de los náufragos. ¿Conoce su fracaso? ¿Lo es? ¿Le importa? Es lo que tienen los mediadores, que a menudo median por su propia piel.
    Abrazos admirados de canibalismo marítimo.

  2. Me ha gustado por lo real y metafórico, por cómo vas repitiendo que es la historia de un hombre cándido sin contar la historia real, por las referencias a náufragos y naufragios que quieras que no me son muy cercanas, por recordarme a Cándido de Voltaire cuya lectura no muy lejana me hizo sentir igual, entre cándido, náufrago y tiburón. Ya no sé.
    Y porque después del barbecho, como en tu caso, vuelve la cosecha con renovada fuerza.

    Abrazos

  3. Miedo dan los hombres cándidos, que creen en la bondad de los tiburones y en el sentido común y se va dejando todo en silencio.
    Como dice Susana, le importa un bledo.
    Muy bien escrito, mantiene la tensión y me deja encogidita.
    Abrazos

  4. Me gusta la técnica de repetir la bondad del personaje, precisamente, para acabar definiendo todo su contrario. Hay un deje de ironía triste, casi desazón, que recorre todo el texto. Incluso ni los tiburones parecen tan fieros media hora después del naufragio.

    Abrazos, capitán Pescanova.

  5. Miedo a los cándidos, a los tiburones, a los náufragos, a los naufragios, miedorrrrrr
    Texto muy metafórico, incluso poético, con mucha moraleja, quizá demasiada para un micro.

    Un saludo indio
    Mitakuye Oyasin

  6. De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno solía decirme mi abuela cada vez que,siendo niño, ejercía de hombre cándido.

    Me gusta la metafísica que contiene esta pieza, me gusta su pulso narrativo, me parece destacable el ritmo ajustado al propósito de la historia y considero que el título es el mejor cierre de este final abierto.

    En una palabra, admirable.

    Un abrazo, Odys.

  7. He venido a leer con calma este texto que contiene mucha “chicha” -y no lo digo por la debacle de los naúfragos ante los escualos- sino porque es un texto que representa mucho la sociedad en la que vivimos. Recuerdo que una vez una psicóloga me dijo, eres un delfín viviendo entre tiburones, de lo que deduzco que yo tendría cierto parecido a Cándido, no sé. El caso es que el texto es estupendo, el recurso de la repetición machacona -que no machacante- de la candidez del protagonista hace que éste sea el punto de apoyo con el que se mueve todo el relato, vamos, la ley de la palanca literaria.
    Me ha gustado mucho, bravo.

  8. Este hombre cándido de tanto repetirmelo me acaba por dar miedo. Se pavonea de intervenir y mediar y luego se va dejando a esos naufragos en boca de los tiburones.
    Me gustó

    Besitos

  9. Destaco de este micro la densa ligereza de la prosa. Me recordó a aquellos hipopótamos que hacían ballet en “Fantasía” (la película de Disney).
    Abrazos fuertes,
    PABLO GONZ

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