IN MEMORIAM

El otro día me pasó algo curioso. Estaba en el parque con mi mujer y los niños y había salido del área recreativa a fumar un pitillo. A María no le gusta que fume cerca de ellos. Había algo de humedad en el ambiente, y un penetrante olor a eucalipto. Subida al castillete del tobogán Deva me estaba llamando a gritos. Saludé con la mano. Entonces alguien me tocó en el brazo por detrás.

-¡Ta´ luego, Méndez, feliz año!

Me volví a tiempo de ver la espalda de una figura a la carrera. Sudadera gris, pantalón corto de deporte. Calvo y grueso.

-¡Feliz año a ti! -Mi saludo, más bien un reflejo mecánico del suyo que otra cosa, hace que él levante un brazo mientras prosigue la marcha, pero instantes después se detiene y regresa sobre sus pasos. Respira trabajosamente. Manchas de sudor se extienden por axilas y pecho.

-Oye -dice-, ¿tú te acuerdas de Montalvo?

-¿Javier Montalvo? – Hice la pregunta de forma automática, más para confirmar que hablábamos del mismo hombre que por despejar dudas propias: Solo conocía a un Montalvo, fuimos juntos al colegio.

-Sí, claro -responde-. ¿Sabías que se ha muerto?

-Joder, ¿qué me estás diciendo? -La verdad es que me quedé de piedra. No me lo esperaba, ciertamente no es el tipo de noticia que esperas recibir de alguien que apenas tiene cuarenta años. O tenía…

-Hará un par de meses. Me lo dijo mi madre. Llamó por teléfono y me preguntó si le conocía. Había visto la esquela en el periódico y por la edad y el colegio dedujo que habíamos sido compañeros.

-Qué putada… ¿De qué murió?

-No lo sé, la esquela no lo decía. Parece ser que vivía en Avilés. Hubiera ido al entierro, pero me encontraba en Madrid por negocios… ¿Sabes qué es lo que más me jode? -Se quedó un rato pensativo, con la mirada clavada en el estanque, donde un cisne negro se ha erguido y aletea sin moverse del sitio, majestuosamente. Apuro el cigarrillo y lo arrojo al suelo. Lo aplasto contra la gravilla. Hace frío. Meto las manos en los bolsillos y arqueo las cejas, animándole a seguir-: Pues que no me acuerdo de su cara.

-Sí hombre, era bajito y moreno. -apunté yo. «Y a veces volvíamos juntos a casa», rememoré para mis adentros. Le he visto de repente, a Montalvo, caminando a mi lado. No éramos lo que se dice amigos, pero solíamos aprovechar ese breve trayecto para intercambiar cromos.

-Sí, de eso sí que me acuerdo, y de que era muy simpático también. Usaba un zapato ortopédico; tenía una pierna más corta que otra, ¿no?

-¡Es verdad! La derecha. Al principio llevaba unos hierros muy aparatosos que subían por toda la pierna. Y aun así, durante el recreo se empeñaba en jugar al fútbol. Después ya no. Quiero decir que después ya no los llevaba. Pobre…

-Es la cara de lo que no me acuerdo. Sus rasgos, joder. Por más que me esfuerzo, permanecen en blanco. Le miro y solo veo una mancha borrosa. ¿No es terrible?

-No sé -digo-, ha pasado tanto tiempo… Se marchó del colegio en sexto de EGB, ¿no?

-Sí, un año antes que yo… Bueno, tío, te dejo que tengo prisa. Me alegro un montón de verte, a ver si un día de estos charlamos con más calma. No has cambiado nada, joder.

-Y tú tampoco. -Le aprieto el hombro y él sonríe.

-Sí ya, hombre, no lo dirás por la calva…

Nos echamos a reír. Primero él, y a continuación yo. Nos damos otro apretón de manos y nos despedimos.

Entonces se me ha acercado María, se me ha colgado del cuello y ha hecho un mohín con los labios, demandándome un beso. -¿Quién era? -pregunta luego. Desliza un brazo por mi cintura y apoya la cabeza en mi pecho. Nos quedamos entrelazados, mirando cómo se aleja.

-No tengo ni idea, no me atreví a preguntárselo…

Al llegar al estanque, el corredor gira hacia la derecha y desaparece tras los setos.

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27 pensamientos en “IN MEMORIAM

  1. Me gusta muchísimo, yo ya estoy con mis referencias pero hay una película “Tu vida en 65 minutos” que empieza con algo parecido… creo que el que se va corriendo es como el propio Montalvo, es un guiño desde dentro de la propia historia.
    Qué gusto da leer cosas así.
    ABrazos

  2. Odys, coordino un taller literario que ahora está de vacaciones. Comenzamos el primer jueves de abril.
    Me gusta este relato para despuntar el año. (Tengo la costumbre de preparar los textos a leer y analizar durante el verano.) Espero tu autorización. Si no te agrada la idea, ningún problema.
    Un abrazo

    • Por supuesto, Patricia, que sepas que me hace mucha ilusión. Eso sí, te rogaría que esperaras un par de días antes de copiarlo, es posible que aún haga un par de ajustes de última hora, detalles nimios que quizá ahora todavía se me escapan.

      Ay que suerte tenés, en pleno verano austral 🙂

      • Gracias por la autorización!!!! Ningún problema en esperar, si querés enviarme por mail tu nombre y unas palabras de presentación, este es mi correo: patricianasello547@gmail.com. Si no, entenderé que preferís continuar con el seudónimo literario.

        Verano AUSTRAL? Estamos con un calor de selva. Nunca estuve en una pero me la imagino así, calurosa y húmeda hasta la locura. Me falta el rugido de los leones pero tengo los bocinazos 🙂

  3. Es un texto muy técnico sin que ésta – la técnica – apenas se note. Sutil, apenas un nimio detalle te basta para convertir una conversación cotidiana en toda una teoría existencial. El cierre, marca de la casa, espléndido.

    Abrazos.

  4. Fiufff. Cómo se disfruta. Me gusta hasta el nombre de la niña. Pero de todo me quedo con el párrafo que empieza “No lo sé, la esquela…”, esa forma de llenar ese silencio es magistral, más que llenarlo, narrar con qué se llena.
    Un saludo.

  5. Además de la sonrisa que me has arrancado con ese final sorprendente ( siempre, o casi siempre, igual, Alberto), lo que más me ha impactado es verme reflejada en esa persona que no sabe con quién está hablando.
    No tengo memoria fotografíca y puede pasar delante de mis narices una vecina de la infancia, compañera de colegio, receptora de mis dibujos, y no tener la menor idea de quién se trata. Queda una como una estúpida por no saber fingir como tu personaje. Me acaba de pasar.

    Puñado de besos, que me he quedado con tu cara.

  6. Genial Alberto tu manera de contar este encuentro inesperado. Y sin duda la guinda del relato es el final.
    Has despertado en mí algún recuerdo no lejano al intentar recordar a personas con las que he compartido momentos importantes de mi vida.
    Saludos cordiales.

  7. Este verano me encontré con un compañero de clase. Imposible olvidarme de él, a pesar de los años transcurridos, pues estudiamos juntos desde primero de EGB hasta COU. Estábamos charlando, su mujer me miraba y sonreía.

    -¿No te acuerdas de Belén? -dice él.

    La miro, sonrío pidiendo disculpas, me rasco la cabeza: -¿Es que debería?

    -Ya me parecía a mí que no te acordabas -ríe ella-. Yo de ti, sí.

    -Jo, macho, que fuisteis juntos a COU -dice él.

    Ahí la tenía, delante de mis ojos, y no conseguía recordarla. Para más inri, en nuestra clase de COU solo había tres chicas. Me acordaba de las otras dos, de sus caras y de sus nombres, perfectamente. Pero a esta tía, por más que la mirase… Y sin embargo al llegar a casa, cuando busqué su foto en la orla, su recuerdo regresó de golpe. Qué ruin puede llegar a ser la memoria 🙂

  8. Me gusta, me gusta y me gusta. Primero porque he disfrutado de su lectura de cada palabra e imagen y segundo porque has reflejado algo que me ha pasado más de una vez, en alguna ocasión he conseguido salir airosa como tu protagonista y en otras he hecho el ridiculo total.

    Besitos

  9. Muy tuyo, llevarnos por el camino de la lógica para al final romperla (hacernos creer que el protagonista sí recuerda pero sólo está fingiendo). Es el cierre perfecto, la demostración redonda de que hasta lo más grave y trascendente es algo nimio en medio del baile del tiempo.
    Abrazos.

    • Susana, espero que te haya quedado claro que el protagonista sí recuerda al fallecido, al que no recuerda es al corredor. Buenos ojos te lean, oh tú desaparecida en combate 🙂

      Besos.

      • Sí me quedó claro, la que no escribe claro soy yo, sorry.
        Ya voy volviendo de mi ultratumba particular, mañana me asomaré al blog y empezaré a comentar por estos mundos de Dios, de nuevo en penosa peregrinación blogosférica (… es que no han estado mal estas vacaciones de micros).
        Besos sin emoticono, que yo no sé poner. Rupestre que es una.

      • Qué casualidad, acabo de mentarte en el blog de Agus y por aquí apareces, como por arte de birlibirloque. Son los hados, Susana, empeñados en confundir los caminos de los peregrinos 😉

        Besos, y tómate tu tiempo, una vez reinternada en el laberinto resulta arduo encontrar la salida.

  10. Tu relato ha despertado en mí muchas sensaciones. Me han llamado la atención muchos detalles: ese matrimonio feliz (a pesar de los niños, cosa que no me explico), un protagonista fumador (políticamente incorrecto), el “no somos nada” de la muerte del campañero de colegio. Buen final, muy ocurrente, divertido, de los hermanos Marx.
    Yo creo que me estoy haciendo bastante vieja. He perdido la memoria a corto plazo y sin embargo rememoro continuamente hechos y personas de mi infancia, sensaciones únicas que ya nunca volveran. ¿Será la puta crisis de los 40?
    Un abrazo.

  11. Cómo no vamos a entrar en crisis al experimentar en nuestro cuerpo síntomas cada vez más palpables de nuestra creciente decrepitud… Bajo las condiciones en las que nacimos como especie no estábamos destinados a durar más de 35 o 40 años… situándonos ante esa perspectiva, creo que tendríamos que hacer de esa crisis un motivo de celebración: penamos porque sobrevivimos, es un precio a pagar por seguir vivos. Creo que a esto le llaman ver el vaso medio lleno; o filosofía barata, sin más 🙂

    En cuanto a las parejas felices, y con niños, haberlas haylas, ¿no?

    Abrazos.

  12. Genial texto, Alberto, bien pudiera hacerse un corto con él, tiene todos los ingredientes para ser visualizado. Yo también he pensado que Montalvo era el propio corredor, como haciéndole un guiño al compañero de escuela, con aquello de que no ha cambiado nada, probablemente entrena todos los días para fortalecer esa pierna que no andaba muy bien de pequeño. Yo también tengo una historia parecida, me tiré cuatro horas y media de autobús con una chica que me conocía a la perfección y a la que yo no recordaba, me dio corte decirle que yo no tenía ni idea de quién era ella, así que tuvimos una animada charla recordando viejos tiempos, vaya trago.
    Eres un maestro, Corujo!!

    • Cuatro horas y media fingiendo, con la inquietud en el pecho, que me imagino iría en aumento a medida que transcurría el tiempo, porque si al cabo de cuatro horas descubre que no te acuerdas de ella…

      Lo cierto es que se me pasó por la cabeza la idea de identificar al Montalvo con el corredor, pero la deseché porque quería revestir a la historia de normalidad, ceñirme a uno de esos encuentros fortuitos que suceden todos los días, fantasmas de carne y hueso enfrentados al borrón del olvido.

      Besos.

  13. Jope yo como Funes el memorioso me acuerdo de todo, así que lo normal es que no se acuerden de mí, si se da el caso.

    Anécdotas aparte, sabes que me ha gustado este texto, no hace flata que te lo diga, lo sabes porque es uno de mis temas: la memoria, la muerte, existimos más mientras nos recuerdan ? somos meros cadáveres aún estando vivos si no nos recuerdan?

    Quién sabe….

    Ksss

    • No sé, supongo que todo depende de la perspectiva… Para mí Fulanito García, uno que jugaba conmigo en el pueblo cuando éramos pequeños, y al que no he vuelto a ver, siempre será un niño. Si un día alguien me dijese ¿ves ese tío que está a punto de cruzar la calle? Pues es Fulanito García. No puede ser, pensaría yo, porque Fulanito García siempre tendrá ocho años…

      Besos.

  14. Muy bueno el final, ya lo masticaba mientras el tipo apagaba el cigarro. He de confesar que una vez hice algo parecido y luego me sentí fatal por haber seguido la corriente a una chica que “me conocía de toda la vida” ….y que ¡ni idea de todo lo que me contaba!. Vamos igualito a lo de Maite en su autobús…..

    Felicidades por el texto. Es muy visual.

    Un abrazo des –
    demispalabrasylasvuestras.

  15. Hola Laura, yo creo que, a medida que pasan los años, quien más quien menos todos terminamos envueltos en situaciones similares, tanto por el lado de quien da como por el de quien recibe. Después de media hora de andar rememorando viejos tiempos un tipo me preguntó que quién era él, y no le supe contestar. Creo que los dos estábamos bastante borrachos.

    Un abrazo.

  16. Hola Alberto. Llego hasta tu casa guiado por el voto de Elysa en la convocatoria de la I.M. Me dije, si este es el autor de Ely, seguro que vale la pena el viaje hasta allí.

    ¡Estupendo relato! Lo he vivido casi en primera persona. Yo soy anómico -tengo serias dificultades para recordar los nombres, me pasó incluso con una novia que en una reunión no fui capaz de recordar su nombre, y por si ello fuera poco de situar las caras en los contextos en las que las conozco. Por eso, si me encuentro con alguien fuera de su sitio y se dirige a mí, sufro. Puedes creerme.

    El fondo de la historia es tan sencillo como bueno, y por ello destaca tu registro, la forma que tienes de mostrarnos la historia.

    Señalaré el camino desde mi casa a la tuya para no perderme el retorno y para que mis amigos también puedan encontrarte.

    Un saludo,

  17. La encantadora Ely ha sido muy generosa conmigo, detalle que siempre le agradeceré.

    Yo soy bastante buen fisonomista, pero un desastre con los nombres, una de esas personas que al minuto de haberle sido presentado alguien ya no recuerda cómo se llama…

    Encantado, Pedro, nos leemos.

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