Año Nuevo

Hoy la mar se mece tranquila. Las olas rompen sin fuerza en San Lorenzo. Algunos surferos prueban suerte, más bien pocos. Está bajando la marea. Cruzo la plaza mayor y tiro hacia la playa de Poniente. Hace casi un mes que no salía a correr. Trote suave, me siento pesado.

Brilla el sol y la temperatura es agradable. «Estas cosas pasan, la vida es así.» Animada por el buen tiempo, la gente disfruta de la mañana; parejas con cochecito, críos de sonrisa perenne en los columpios, señoras en chándal, señores con perro. «En qué cabeza cabe.» Amigos y familias que deambulan en pequeños grupos. «Si es que antes de salir hay que comprobar el estado de…» Camino de la escollera occidental descubro que un conjunto de esculturas nuevas jalonan el paseo. Formas suaves y redondeadas, volúmenes ampulosos sobre los que al resbalar la luz clarea el óxido que los reviste. «Volcó.» Un volador ha estallado en la distancia, provocando una salva de ladridos en un cocker spaniel nervioso. He salido de casa con la camiseta del revés. Puedo ver la costura sobre el hombro. «Un golpe de mar.» Me la quito. Hace tan bueno que no siento frío. El sol besa mi piel. La brisa me provoca un cosquilleo agradable. «…tienen que estar destrozados.» Hoy todos parecen estar hablando de lo mismo. La falta de actividad empieza a pasarme factura. Me he detenido ante una figura que asemeja una taula: un dolmen ventrudo y encima una pieza transversal en equilibrio sobre la punta. Mujer solar -leo-. Acero corten chorreado. Juan Méjica. Supongo entonces que esa suerte de ojo vertical, esa lágrima con dos rabitos suspendida en el vientre ha de ser la vagina. Es la escultura de mayor abstracción, las otras son más dóciles de asociar a una idea, un barco, un árbol, un caballito de mar, un gato que, bueno, resulta ser una ballena. «Al patrón le encontraron en la cabina.» La superficie es rugosa; áspera y tibia. Al golpearla el sonido hueco se propaga lúgubre en pequeños retemblores que apenas hacen vibrar mi mano, pero qué duda cabe que los siento. Una Zodiac peina lentamente la ensenada. «Hace cuatro días ya, si no ha aparecido todavía…» Regreso andando hacia el puerto deportivo. Están bajando equipos de submarinismo a otra lancha neumática. Sorteo curiosos que se acercan a la barandilla. Un vehículo de la Guardia Civil permanece estacionado frente a la pasarela.

Adormecida el agua, de un verde tan oscuro que se diría negra, a media distancia es azogue tembloroso que recoge y devuelve los alegres colores de las fachadas, los mástiles invertidos de las embarcaciones, el azul sosegado del cielo, pero no los sueños que yacen perdidos. «Diez añinos tenía el probín.»

Pareciera como si al andar las palomas perforaran compulsivamente el vacío.

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13 pensamientos en “Año Nuevo

  1. Estremecedor.

    El hecho en sí ya es trágico, espeluznante, pero tu forma de contarlo – precisamente alejado de cualquier dramatismo – acentúa aún más la sensación de pérdida y desasosiego. Conviertes un suceso puntual en toda una concepción del mundo. En ese “cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia” que es la vida. Es una putada, un sin sentido, que el mundo siga girando tras la muerte de un niño.

    Felicidades, una pieza de altura, de autor.

    Abrazos.

  2. Disculpa, me olvidé destacar el uso acertado de las voces que cuentan la historia de forma fragmentaria, y mi intuición que la pieza ha sido escrita desde muy adentro, con las tripas.

  3. Qué forma acertada de contar. Ese deshacer en migajas la historia continua por el efecto de una caminata por el paseo (trote, releo). Las comillas le sientan bien al texto.
    Felicidades, Alb. Un acierto, sí señor.
    Abrazo
    Gab

  4. Supongo que no he elegido la forma más alegre de estrenar el año… Es el primer relato que escribo basado íntegramente en hechos reales, y probablemente sea también el último, aunque nunca se sabe. El hundimiento, la carrera, los murmullos fragmentados de las conversaciones, la camiseta del revés, las esculturas, el pensamiento asociado al caminar de una paloma… todo ocurrió tal cual, por desgracia para los afectados.

    Abrazos.

  5. Dos historias de la vida, casi cotidianas, en un mismo relato, entremezclándose igual que en la realidad. Buena elección del foco desde el que miras, y cuentas, es el mismo Sol bajo el que uno se tuerce un pie y otro dice adiós en una tragedia. Todos espectadores y todos protagonistas.
    Gracias por el relato. Un abrazo.

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