Sara

Apenas una cabezada, pero cuando abrí los ojos me encontraba en un paraje extraño. Era de noche, y el autobús estaba vacío.

-Última parada: La ciénaga.

El conductor recoge la recaudación de la jornada, apaga las luces y se va. Ha dejado las puertas abiertas. Pienso en Sara. Sara siempre tiene prisa, como el conejo de Alicia. Sara pertenece al fluir del tiempo, mientras que yo… yo me he quedado fuera. No es que me descolgara de forma voluntaria. No fue un acto de afirmación personal, ni siquiera un gesto de rebeldía. Ciertamente no sucedió así. Un día se rompió un eslabón y yo me encontré detrás. O me perdí delante. O me rehice a un lado. No estoy seguro. Hace tiempo que no puedo estar seguro de nada. Pero, ¿cuánto tiempo? Imposible saberlo.

Se han cerrado las puertas con un suspiro de fuelles rotos. El autobús calienta el motor. Sara ensaya su carita más blanca y preocupada. Hay cariño en esa mano que asoma y se detiene en el aire cuando dice adiós, a medida que se va haciendo más pequeña y el vaho empaña la ventanilla.

Hace frío en la ciénaga. En algún lugar canta el autillo.

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8 pensamientos en “Sara

  1. A mí me parece una revisión del mito de Caronte. Sin barca, pero con autobús.

    Un texto cuya arquitectura se construye a base de ínfimos detalles que el propio protagonista en su develo nos narra. Me gusta mucho la fotografía del micro, esa ciénaga, la oscuridad, la niebla, el vaho y la imagen de ella diluyéndose. Y luego al final nada, el silencio y el triste canto del autillo. Estás muy inspirado, para nuestro uso y disfrute. Otro Corujo. Otro deleite.

    Abrazos.

  2. Coincido en que es un texto muy inspirado. Me gusta la atmósfera, tan potente, y los interrogantes que genera. Lo que me sugiere el argumento puede ser o no ser, y te lo puedo preguntar a ver si me desvelas el misterio o no, pero igual te fastidio el invento porque los primeros comentarios guían las posteriores lecturas… Por eso me espero y, mientras, te preguntaré mi otra duda, que es sobre la construcción. Y es que al leerlo he tenido la impresión de que era una estructura inversa, pero la alteración del orden no me dice mucho más, por lo que no sé si iban por ahí los tiros.
    Vuelvo luego a por las pistas.

  3. Es el primer micro que leo hoy, o vos estás muy inspirado o yo particularmente sensible, o ambos.
    A pesar de que él aclara que ‘ … yo me he quedado fuera’, le rogaría a Sara, aunque mucho temo que ya no sea posible, que no lo abandone. Ahí está, creo, la tragedia de este micro, ella no lo abandona, es él quien se queda, quien se quedó hace mucho en esa ciénaga, de noche, sin saber por qué.

    Con tu permiso, me lo guardo.

  4. Esa cabezada, ese autobús vacío, y ese quedarse en la ciénaga no me dan buena espina. No hay cosa más triste y descorazonadora que abonar esta vida a bordo de un autobús. Y Sara alejándose cuando en realidad es él es que se ha ido. Un saludo.

  5. ¡Pues menos mal que estás en barbecho! Lo leí ayer y hasta he soñado con esa ciénaga. Me hizo sentir triste, la manera en que cuenta como se va me deja un sentimiento de pena del que aún no consigo deshacerme.
    Me gusta mucho

    Besitos

  6. Este es uno de esos textos cosido con puntadas pequeñas, casi ocultas, con hilo de oro, que deja un rastro desolado y gris, de ciénaga en definitiva, pero lleno de puntos brillantes. Buenísimo, Alberto. También sabes escribir con el temblor del llanto asomando al lagrimal, no sólo con el humor que te caracteriza.

    Abrazos calentitos.

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