Rosas blancas para Laura

Tal vez, si le hubiera preguntado dónde vivía, habría respondido que en la calle,  bajo el sol y en la lluvia, en los hoyuelos de aquel viejo amor, en el saxo que una primavera le enseñó a volar sobre el estrado del Jazz Café. En cualquier lugar menos en el número 27 de la calle Saavedra, allí la vida se detenía en seco y ella moría cada noche un poco mientras soñaba que se ahogaba en el piélago de sus arrugas. Pero no se lo preguntó. Tenía prisa, así que la ayudó a incorporarse y la dejó sentada en un banco, tras asegurarle ella que estaba bien. Laura cerró los ojos.

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7 pensamientos en “Rosas blancas para Laura

  1. Me parece muy adecuada la fotografía que has elegido para ilustrar el texto, pues éste tiene estructura y mecánica de ola. Una historia de desamor; fugaz, efímera, como esa espuma que apenas permanece un instante en la arena para luego desaparecer. Incluso diría que el texto huele a salitre. Bravo, bravo y bravo.

    Abrazos.

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