Expectativas frustradas

Una vez en casa, Gabriel buscó la intimidad del excusado y abrió el libro que había encontrado en la playa. Al verle surgir de entre las nieblas del bosque, los tres cerditos aprovecharon para salir pitando. En cambio la misteriosa encapuchada que había estado interrogándoles tiró el revólver al suelo y se arrojó sobre él. Y rodaron sobre la alfombra de agujas. Llevo toda la vida buscándote, dijo ella, después de darle un mordisco en el cuello. Ahíta de sangre se quitó la capucha, la capa, el refajo, el sostén y las bragas y dijo tómame. Acto seguido soltó un grito. El grito. Su Príncipe de las tinieblas había desaparecido, y en su lugar la miraban los ojitos de un sapo espantado. Aquello era más de lo que Caperucita podía soportar. Horas antes, su flamante deportivo rojo se había transformado en una sucia calabaza, tirada por seis ratones famélicos. Y aún antes, el espejito mágico se había cubierto de grietas; se le habían caído los dientes, le había salido bigote y en la nariz una verruga enorme. Caperucita recogió su revólver, echó a correr en pelota picada y no paró hasta alcanzar la casita de chocolate. Descerrajó la puerta de un tiro, vació el cargador sobre la momia de su abuelita y se sentó a recargarlo mientras esperaba a que llegasen sus viejos. Ellos tenían la culpa de todo. Le habían arruinado la vida, aquel no era su cuento.

Tampoco el mío, musitó Gabriel, al fin aliviado, al tiempo que tiraba de la cisterna y pensaba que, sin embargo, le parecía que ya había estado allí antes.

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13 pensamientos en “Expectativas frustradas

  1. Buf, Alb. Iba a decir que me has dejado en mal lugar, pero no metafórico, sino geográfico.
    No sé si ahora tiemblo más que el propio Perrault. Y qué dirá mi madre…
    Te agradezco la dedicatoria y el inicio al vicio del ficticio fornicio.
    Abrazo cauteloso

  2. Jajajaja, qué bueno!!! me he reído de lo lindo, y es que las imágenes que has descrito son tan vívidas que parecen posibles. Ayssss. Abrazos.

  3. Un torbellino hilarante de pasión en el que no me puedo imaginar mejor pluma ni más apropiado protagonista. Un pieza de muñecas rusas. Espléndida.

    Abrazos.

  4. ja ja!!! Me has hecho reír en mi bitácora con tu comentario y volvés a alegrarme el día con este cuento prohibido para niños. Me corrijo, indigesto para los autores de cuentos para niños.

    Un placer leer esta entrada

  5. Esto es una caja china, un cuento dentro de otro cuento y además dedicado. Muy divertido como nos descolocas todos los cuentos, me gustan más así.

    Besitos

  6. No sé qué tienes contando historias que cuando me haces reír, me haces reír a carcajadas, Alberto. Esa momia de abuelita, esos padres recurrentes que siempre tienen la culpa de todo… En fin, un puntazo más.

    Besos sin cuento.

  7. Increíble cómo has jugado a llevarnos desde tu remake de los clásicos al final de un falso cuento a través de un puente. Quedaría bien una versión tuya de Los siete cabritos y el lobo antes de enlazar pero no me hagas mucho caso.

  8. Gracias a todos, incluida la madre de Gab, si es que llega a leer estas líneas y no se enfada; espero, eso sí, que comprenda que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia 🙂

    Mi mayor satisfacción, en este caso, me la dan vuestras carcajadas.

    Un queso y un zarpazo.

  9. Si es que esta Caperucita no se entera, que los finales pastelosos solo ocurren en las pelis de Disney…
    A mí también me haces reír, es una de tus cualidades en lo que escribes a menudo: el humor, y el humor inteligente que de tonterías ya estamos servidos.

    At your feet

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