Enanos blancos, horizontes negros (reloaded)

Nubes, pájaros y una flor

-Te ha salido una flor en el culo.
Amanda tenía razón, ahí descollaba algo, justo entre las nalgas, con sus pétalos luminiscentes y su ondulante tallo.
Amanda es la chica de servicio. Le encanta mirarme el culo. A veces, a mí también me gusta sobar el suyo. Y si su carga de trabajo no es excesiva, se toma un respiro y retozamos.
-Nutrientes no le harán falta –prosiguió-, pero tendrás que regarla. Qué  bonita es.
Solo que no era una flor.
-Es una estrella. Una enana blanca –dictaminó el abuelo, tras una segunda inspección. –Y lo que tú llamas tallo no es tal, Amanda, sino el cordón umbilical que la une a su creador.
Mi abuelo es el patriarca de la familia.  Tiende a desentenderse de todo lo que huela a problema, pero su opinión es altamente valorada por todos nosotros. Además, entiende lo que se dice un rato de cuerpos celestiales. Cuando se jubiló, afanó un telescopio en el bazar chino de la esquina y lo instaló en la azotea. Se pasa las horas allí, observando el firmamento. Sobre todo en las tardes diáfanas de verano, cuando más luce el sol. Por eso no me importó enseñarle el culo. Por si acaso, y para recabar una tercera opinión, el abuelo mandó llamar a mi padre. Pero antes me dio una manta que me cubriera, quizá porque papá es un poco pusilánime.
Mientras el abuelo explicaba el caso, con esa voz pausada suya, llena de ricas vetas, papá escuchaba en silencio. Asentía de vez en cuando. En sus ojos, por lo general inescrutables, parpadeaba el resplandor mortecino del desconcierto. Cuando el abuelo terminó su exposición, papá se rascó la cabeza. Luego me pidió que le mostrara el portento. Y eso hice, por tercera vez.
-Papá, ¿quiere esto decir que soy Dios?
-Pues, en principio…
-Cuidadín con lo que le sueltas a tu hijo –terció mamá a mis espaldas. Se ve que Amanda ya le había puesto al corriente-, no vaya a subírsele la estrella a la cabeza.
-Pero, ¿entonces…? –insistí. Necesitaba respuestas.
-Como mucho un demiurgo, nene –atajó ella-, o un dios menor. Hala, échate ahí y pon el culo en pompa, verás cómo esto lo arreglo yo en un pispás.
-¡Pero mamá!
-Ni peros ni leches en vinagre.
Cuando a mamá se le mete algo entre ceja y ceja no hay quien la replique. Adopté la infame posición. Mamá esgrimió esas tijeras plateadas con las que poda sus geranios, sus rosas y sus hortensias, las mismas que utiliza, cada luna nueva, para cortar los testículos de papá, e hizo lo propio con el cordón umbilical. No sentí dolor. Tampoco placer. Si acaso algo de náusea, y un ligero cosquilleo en salvas sean las partes.
Libre al fin, mi enana blanca permaneció flotando en el cuarto hasta que, apenas un par de eones más tarde, emprendió un vuelo majestuoso que me hinchó de orgullo. Fue así como nació el amor.
Todos en la familia nos apresuramos a seguir su estela, que la llevaría a alcanzar el reposo sobre la vasta inmensidad del salón. Todos excepto Cástor, claro. Mi hermano gemelo, que había permanecido al margen de los acontecimientos, veía la tele, repantigado en el sofá. Ni siquiera echó un vistazo. El muy envidioso abrió la bocaza y expelió un agujero de gusano negro, denso, retorcido como su vil inconsciencia. Inmundo.
Y mi estrella desapareció. Mi enana blanca. Mi tesoro.
Me quedé alelado, mirando ora el vacío, ora a mi hermano, cómo se burlaba de mí, retorciéndose de risa sobre la alfombra, feo como un demonio. No dije nada. Antes de que pudiera reaccionar, Amanda me tomó de la mano y me sacó de allí.
Fue así como nació el odio.

Ahora papá está regañando a Cástor. Pero su voz es blanda, amorfa, caduca como su esperma. Mamá le recuerda que no debe tomar partido por ninguno de los dos, como si ella no lo hubiera tomado ya. Puedo escucharles desde la forja. El abuelo ha salido a comprar tabaco. Amanda susurra promesas de un futuro mejor para nosotros y nuestros hijos. Mi dulce Amanda. Yo templo espadas, afilo cuchillos, despliego navajas. Y siento cómo se me van inflando los huevos, mientras sus ojos se van inyectando de sangre.

Dedicado a Susana Camps, con todo mi cariño.

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13 pensamientos en “Enanos blancos, horizontes negros (reloaded)

  1. Recuerdo este texto y adivino las esquinas que podaste, con gran acierto. Es un relato hipnótico, que podría incluso cobrar más extensión. Me recuerda al fantástico gol de Maradona en México, regate tras regate, quiebro aquí y quiebro allá, casi de dibujos animados. Un placer volver a leerlo.

    Abrazos.

  2. Un texto muy divertido. Cuando te sale una estrella enana en el culo, y explota, luego te sale un agujero negro y succionas todo el Universo por el conducto anal. Es el Big Bang a la inversa.

  3. ¡¡¡Hala, menuda sorpresa!!! Yo leyendo tan tranquilamente con una sonrisa, atando cabos sobre Cástor y Pólux y los demiurgos que dejas por ahí colgados, ¡y me topo con mi nombre abajo! Pues he pegado un bote, en serio. Me halaga mucho la dedicatoria, y me gusta mucho (o para ser exactos: me intriga mucho) el texto: la manera tan tuya de pasar por la coctelera referentes, lenguaje vulgar y literario, personajes en pantuflas, humor y temas de profundidad y que te salga una copa tan bien ligada. En cada lectura me descuerno para intentar sacarte la receta, y nada: como la crema de mi abuela, los ingredientes no se pesan, van a ojo y buena mano. Inimitable.
    Bueno, pues muchas gracias, me dejas flotando. Estas cosas hacen ilu. Abrazos.

  4. jajaja no puedo dejar de reir imaginando la escena, las complicaciones que puede traer tener una flor en el culo… y yo que pensé que era signo de suerte jajajaja muy, muy, muy bien llevado
    Saludillos

  5. AL igual que Agus conocía la versión más corta de este texto. Si he tardadop en comentar es porque he querido paladearlo y leerlo con calma. Me ha encantado el cambio y tb creo que aquí hay materia para un relato. Has metido en la coctelera un montón de temas universales, más psicología, mád conflictos, más surrealismo y tu riqueza en el lenguaje y has creado un texto divertido, profundo y más Corujo que nunca. Hasta lo he leído como si fuera una obra de teatro…

    Big hug!

  6. Perdonad si os recibo en camisón, gorrito de dormir y pantuflas, pero no esperaba tanta gente en mi casa. Pasad, poneos cómodos. ¿Unas pastitas? ¿Un poco de brandy, quizá? Veo caras nuevas, !incluso un tronco!

    Si llego a saberlo, no cuelgo ese culo tan ilustrativo ahí arriba. Aunque no es el mío, ¿eh? Solo es un culo que pasaba por aquí. Y ni siquiera es un culo hermoso. Uno de tantos.

    El texto que acompaña al culo sí es mío. Una jocosa, si bien breve incursión en el siempre pantanoso terreno de las pasiones, altas y bajas. No sabéis cuánto me alegro de que os haya gustado.

    Saludos cordiales.

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