Nunca le des whisky a un mono

Senté al mono frente a la Remington del abuelo y le pedí que escribiera un best-seller. Los ángeles no tienen huevos, tecleó, pero el marido de tu vecina sí. Si yo no tengo vecina, exclamé, pero el mono ya estaba deleitándose al piano, la suerte echada y el marido sin honra a las puertas batientes del saloon. Recordé entonces que la vieja Betsie había dicho que antes de morir escucharía el estampido seco de dos revólveres. Supongo pues que esto es el fin.

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10 pensamientos en “Nunca le des whisky a un mono

  1. Inicio brutal, desarrollo hilarante y un cierre antológico. Un texto muy cinematográfico, en la línea de las espléndidas pelis mudas de antaño. Y todo con un mono, una vecina y una vieja máquina de escribir. Genial.

    Abrazos.

  2. Un micro “de viñeta”, es decir, podría ser el guión de una tira de cómic perfectamente, muy visual. Hablaremos con “Moebius” o con “El Roto”. Buen fin de semana.

  3. Sintético, proporcionado, muy en tu línea de contrastes asombrosos y desde luego, visual y antológico, como te han dicho antes. Lo he leído varias veces y cada frase es un mazazo.
    Muy bueno.
    Abrazos envidiosos.

  4. Qué bueno, Alberto, la imagen es bestial. Como te dicen por ahí, una viñeta, un cómic, una situación surrealista que adquiere una auténtica dimensión en este micro. Excelente. Un abrazo.

  5. Otro Corujo más, lleno de contrastes, como dice Susana.
    En el ejercicio de entresacar cuál es el detonante que hace escribir un micro, con los tuyos sudo más, y me río más. En éste, apuesto por los ángeles, o por el whisky.
    Abrazo tuerto

  6. Querid@s tod@s,

    Uno siempre se queda muy satisfecho consigo mismo cuando escribe una de esas historias que le gustaría leer a él y aún no había leído, pero cuando nota que hay otras personas -en este caso, vosotros- a quienes el relato también aporta algo, pues eso, que es muy gratificante y se queda doblemente satisfecho.

    Si me pregunto cuál es el detonante que me hizo escribir el micro, diría que la primera frase que escribí fue “tenía los huevos en almíbar”; después, tras intercambiar una serie de absurdos correos con otra mente ociosa, me encontré con los ángeles y el marido de la vecina. Hacía tiempo que quería escribir algo sobre un mono tocando el piano, así que cuando se me presentó la ocasión no lo dudé.

    Espero que estéis disfrutando de un óptimo fin de semana 🙂

    Quesos, centollos, abrazos y un culín de sidra.

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