La atalaya

La atalaya

-Toca jotas -anuncia Fallentowns con voz monótona mientras recorta la correspondiente hoja del diccionario y se lía un cigarrillo con tabaco que va extrayendo del tonel de las colillas.

-Quizá vengan hoy -dice Rosebud.

-Otra vez con lo mismo -rezonga Fallentowns-. ¿Café?

Rosebud asiente en silencio y ajusta los prismáticos. En el lecho reseco que se extiende por doquier solo descuellan los costillares requemados de antiguos buques. Se ha levantado con un pálpito; y no va a dejar que nada ni nadie se lo estropee, ni siquiera Fallentowns, por mucho que ahora reniegue en arameo porque se ha agotado la leche en bote.

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17 pensamientos en “La atalaya

  1. Una metáfora del viaje a ninguna parte que es la vida, donde la fuerza está en esos personajes errantes, perdidos, que aún mantienen un hilo de esperanza. Quizás lo único que les mantiene todavía a flote. Eres muy bueno, ya lo sabes.

    Abrazos.

    • Pues no sé si soy bueno o soy malo, Agus, pero sí que me divierto haciendo lo que hago. Es donde encuentro mi fuerza y mis hilos de esperanza 🙂

      Un abrazo y un queso.

  2. Un Corujo. Sí señor. La imagen construída a base de varios detalles, de palabras escogidas para enmarcar la escena que será siempre igual, lo lea quien lo lea.
    Abrazo
    Gab

  3. Muy bueno!!! Estupenda narración, me ha encantado el tono de novela. Hubiera sido un perfecto ganador (para mi gusto) Abrazos

  4. Pues sí, como dice Maite, digno de estar en el podio. Des luego perder ante un micro así, hubiera sido un honor y un placer.

    Se me anotjan dos personajes del teatro del absurdo.

    Y esto me encanta en particular: En el lecho reseco que se extiende por doquier solo descuellan los costillares requemados de antiguos buques

    Muacks!!

    • Es un poco lo que tú dices, dos personajes del teatro del absurdo situados en un escenario posapocalíptico, si es que tal palabreja existe.

      Quesos, faisanes y canelita en rama.

      Quack, quack!

  5. Me gusta tu manera de escribir. Quizá últimamente abunden, o me da la sensación, los textos excesivamente narrativos, y el lenguaje está para adornarlo como tú lo haces. Y es algo muy difícil sin caer en el barroquismo.

    • No lo sé, Manu, no busco conscientemente escribir de una forma u otra, diría más bien que palpo en la oscuridad, hasta que encuentro una bola de arcilla que moldeo guiado por la intuición alojada en las yemas de los dedos… Lo que sí sé es que es sumamente gratificante encontrar gente que, como tú, recibe lo que hago, le gusta lo que lee.

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