Sin título

Últimamente siempre me encuentro al mismo tipo y en el mismo sitio, pero a distintas horas. Él baja las escaleras, yo las subo. A veces yo las bajo y él las sube. Y otras, subimos o bajamos los dos, uno detrás del otro o viceversa. Empieza a resultarme sospechoso. Me pregunto si no le estaré siguiendo, y qué motivos tengo para hacerlo.

Plenitud

No creo en dios, pero a veces se me aparece. Yergue la cabeza una paloma que yace muerta en la yerba y ahí está dios. Hiato de átomo ahíto, dice.

¿Me lo repites?, digo, postrado de hinojos. Pero dios vuelve a ser materia inerte.

Me tumbo en el césped a rumiar las palabras hiato de átomo ahíto, con los dedos entrelazados sobre un estómago lleno que ronronea y ronronea. Mensaje abstruso donde los haya, cuanto más lo repito menos sentido tiene y mejor suena. Hiato de átomo ahíto que despliega los brazos y hace la cruz, los mueve como si estuviese volando, como un pez mantra ahíto de cielo y luz, átomo que levita en su hiato.

Tiemblan las hojas del árbol que me da cobijo, miles de hojas temblorosas que conforman un susurro inconsútil.

Qué haces, oigo decir. Yergo la cabeza y te veo, con tu vestido ligero de verano y esa intriga que bajo un aura dorada aflora en los labios. Tu perro salchicha olisquea mis pies descalzos. Hiato de átomo ahíto, suspiro, y retorno al reposo, a la dicha que asoma y declama en silencio.

Luego una mano en mi mano y mi mano en una mano, como dos cálidas palomas, y ese arrullo primordial de hojas y brisas que fluye e invita a cerrar los ojos.

Materia prima

Dejó la cuchilla en el lavamanos. Una gota se desprendió y tiznó la loza con su estela rojiza. Aplastó una colilla en el cenicero rebosante y encendió otro. Aspiró el humo y contempló el estropicio en la deriva del espejo.

En un arranque de inspiración retomó la brocha y probó a mezclar los nuevos pigmentos en la blancura impenitente de la crema. El gris ceniza. El rojo crudo. Cubrió la nariz, atacó con brío las orejas, se ensañó con la frente, se internaba en el bosque de cabellos crespos mientras la espuma crecía, se hinchaba, adquiría volumen y voluntad, trituraba huellas y rehacía rasgos en su boca de magma hambriento, en su ansia feroz de nonato que se abre paso.

Los ojos flotaban como antifaros enrojecidos en una disformidad de estúpida violencia. Ahora sí, empezaba a reconocerse. Entonces se puso la corbata y le hizo un nudo a la camisa.

El vals de los pingüinos, recién salido de Las puertas del hacedor

Entre mis dedos, y para deleite de mis ojos y esponjamiento del espíritu, ya se halla El vals de los pingüinos, miniedición artesanal de seis librobjetos imbuidos del hálito artístico de Norberto Luis Romero. De la conjunción entre el genio y las manos de Norberto surge este pequeño gran teatro de las vanidades, un telón que se abre a una pista de hielo, bambalinas, focos y candilejas, la magia del hacedor, en suma, puesta al servicio de dos pingüinos y diez textos de Alberto Corujo que ya bailan el vals con errático torpor y alucinado gesto.

Otros librobjetos de Norberto pueden ser admirados en la web de la microeditorial Las puertas del hacedor:

http://www.laspuertasdelhacedor.com/

Os dejo con algunas fotografías. Antes, solo resta decir,

Gracias, Norberto.

VALSPING 1

VALSPING 2

VALSPING 3

VALSPING 4

VALSPING 5